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Blow the man down. |
Y ocurrió que me enamoré de la pesca, ninguna otra de
mis experiencias han sido tan gratificante excusa de mi pereza. Pero también debo admitir mi gran curiosidad
sobre el Capitán Ellis.
El vendia anzuelos y alquilaba útiles para pescar. Su casilla
estaba al pie del muelle público y aunque otras casillas estaban más cerca de mi cueva fui con el
Capitán Ellis.
El era el más tipico marino para alquiler que yo había visto, su gorra de visera hacia sombra sobre
su ojos color gris marino. Una salvaje barba blanca relucía como rocío marino enmarcando su curtido
rostro, de su boca colgaba siempre una pipa.
Yo lo veía todos los dias dos veces, cuando le alquilaba mi el equipo de pesca y cuando se lo devolvía,
cada vez que esto ocurría el tenía una pipa diferente que se destacaba sobre su barba de viejo marino.
Sobre una de las paredes de su casilla estaban colgadas todas sus pipas.
Debía de haber por lo menos una centena, algunas de tosco hueso, antiguas espuma de mar talladas, de cerámica
pintadas, magulladas de brezo, borleadas de loza, de ébano del Congo. Nunca había visto un surtido
tan grande, cada una de ellas debía temer una historia.
Cuando yo pasaba por el lugar siempre había pequeños grupos de turistas escuchado relatos de sus
aventuras, nunca me detuve pero frecuentemente escuchaba fragmentos de sus historias y los nombres de las ciudades
me emocionaban: Alaska, Suez, Groenlandia, las Marquesas, Africa...
Y una vez yo tuve una gran idea, dejar de lado mi proyecto que implicaba la investigación histórica;
en lugar de esto escribiría aventuras verdaderas frescas aun en las memorias de aquellos que las vivieron.
Y el Capitán Ellis sería el hombre que me ayudaría a hacerlo. Una noche le devolví
muy tarde el equipo de pesca deliberadamente lo que me dio la oportunidad de invitarlo a cenar, entonces fuimos
al mesón para tener una mesa privada; yo llevé mi apreciada botella de vino de Madeira y una lata
de tabaco Balkan.
Cenamos y el Capitán Elis atendió mis sugerencias; le expliqué que era un escritor en búsqueda
de material auténtico de Winnesauk y que no estaba interesado en fríos datos disponibles en cualquier
guía turística.
Yo quería historias íntimas, las aventuras de sus habitantes, las hazañas de sus héroes
locales...
"Ahora, usted, Capitán Ellis", le dije mientras volvía a llenar su copa de vino, "Usted
es un hombre que debe tener millones de historias, debe haber tenido historias más emocionantes que en la
ficción y Yo podría escribir... sobre sus viajes alrededor del mundo." Entonces el Capitán
Ellis me interrumpió y dijo sencillamente: "Yo nunca he estado más allá de Fall River
en toda mi vida" y "antes de la guerra fui piloto del ferry que iba desde Winnesauk a las Islas."
¿Winnesauk a las Islas?, hay solo tres millas, es una ruta de verano para turistas. "Pero, Capitán
Ellis." alegué "¿Que pasó con aquellas historias que usted contaba en el muelle?"
"¿Que pasó con las pipas que trajo de todas partes del mundo?" "¿Donde obtuvo
la pipa de hueso de ballena que tiene en este momento?"
"Las historias" dijo e hizo una pausa para continuar: "Yo las creo al igual que usted escribe sus
cuentos". La pícara sonrisa de un escolar apareció a través de lo que empezaba a temer
fuera un falso bigote. "¿Las pipas?" dijo mientras se inclinaba hacia atrás en su silla
y se ponía una coloreada pipa de colmillo entre sus sonrientes labios. "Por años he estado recibiendolas
por correo desde Nueva York, mi hijo más joven que está en Nueva Guinea siempre adoró fumarlas."
El irónico humor de la situación me impresionó de una forma que me encontré yo mismo
riendo de buena gana con el Capitán Ellis. Fue algo para mis libros, la broma fue a mi costa pero también
la disfruté. Empujamos nuestra tazas de café y nos servimos más vino. Entonce sugerí:
"Bien, terminemos la velada con algunos de mis tabacos, es un mezcla especial que estoy seguro que le gustará."
Los ojos gris marino del Capitán Ellis parpadearon mientras me respondía:
"Si usted realmente no lo sabe." me dijo amablemente "Yo nunca he fumado."
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Nota: "Blow the man down", es una expresión que se utilizaba entre los marinos en el siglo XIX
para referirse a los castigos corporales a los que eran sometidos los marinos de algunos buques en esa época.
Luego se popularizó entre los marinos como una expresión que se utilizó para referirse a un
suceso extraordinario ocurrido.
El personaje de historieta Popeye el marino solía decir algunas veces:"Well, blow me down!"
La presente traducción corresponde a un relato que apareció en el Catálogo de Verano de 1945
de la antigua tabaquería George Yale (Nueva York, EE.UU)
Fuente: www.pipepages.com
Hasta la próxima y buenas pipafumadas.
Capitán Remus