RUDYARD KIPLING
por Pedro Romero
Un viaje a un mundo cargado de exotismo, siguiendo el rastro que
la pluma de Kipling deja sobre el papel.
India, publicadas entre 1888 y 1889, que revelaban su profunda
identificación con las gentes y el paisaje del país. Posteriormente viajó por Asia y Estados
Unidos, donde contrajo matrimonio con Caroline Balestier en 1892 y vivió durante un breve periodo en Vermont.
En 1903, se estableció en Inglaterra. Kipling fue un escritor prolífico y popular. En 1907 obtuvo
el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose en el primer autor inglés merecedor de este galardón.
Falleció el 18 de enero de 1936 en Londres.

Rudyard Kipling, nació el 30 de diciembre de 1865 en Bombay
(India) y a la edad de 6 años fue a estudiar a Inglaterra. Pasó cinco años en un hogar social
de Southsea, experiencia detestable que describe en su relato La oveja negra. Regresó a la India en 1882
y a partir de ese momento trabajó para la Civil and Military Gazette de Lahore hasta 1889, en calidad de
editor y escritor de relatos. Más tarde publicó Cancioncillas del departamento (1886), una serie
de versos satíricos sobre la vida civil y militar en los cuarteles de la India colonial, así como
una parte de sus relatos escritos para la prensa y recopilados en Cuentos de las colinas (1887). Su fama literaria
se consolidó con seis historias sobre la vida de los ingleses en la
De sus principales obras de ficción breve cabe destacar Muchas fantasías (1893), El libro de las
tierras vírgenes (1894) y El segundo libro de las tierras vírgenes (1895), colecciones de historias
de animales que constituyen en opinión de muchos lo mejor de su literatura y que están ambientadas
en el Parque nacional de Kanha; además de Precisamente así (1902) y Puck, el de la colina (1906).
Entre sus novelas o relatos largos más populares figuran La luz que se apaga (1891), sobre un artista ciego;
Capitanes intrépidos (1897), un relato de iniciación en el ambiente de la pesca del bacalao -obra
sobre la que Victor Fleming realizó la película homónima en 1937 y que le valió el
premio Oscar a su protagonista Spencer Tracy-; Stalky & Cía. (1899), basada en sus experiencias infantiles
en el United Services College y Kim de la India (1901), un relato picaresco de la vida en la India. Lo más
destacable de su poesía es quizá Baladas del cuartel (1892) y Las cinco naciones (1903). Algo de
mí mismo, publicada póstumamente en 1937, es un relato inacabado sobre su triste infancia. Tanto
El libro de las tierras vírgenes como Kim de la India se consideran clásicos de la literatura infantil.
Kipling figura entre los principales escritores de relatos ingleses. Como poeta destaca por sus versos escritos
en la jerga habitual de los soldados británicos. Su literatura gira siempre en torno a tres ejes: el patriotismo,
el deber de los ingleses de llevar una vida de intensa actividad y el destino de Inglaterra, llamada a ser un gran
imperio. Su insistencia en este último aspecto era sin duda un eco del pasado victoriano y perjudicó
gravemente su reputación como escritor en los años posteriores a la I Guerra Mundial.
Veamos algunos pasajes que encontré en sus diferentes obras y que nos muestran la cotidianidad, en ese tiempo,
del acto de fumar una mezcla de tabacos orientales en una pipa, a cualquier hora del día y con el simple
pretexto del disfrute, en soledad, o como un componente más de la vida social.
Kim de La India
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"Allí estaba Kapilavastu; aquí el Reino Medio;
allí Mahabodhi, la Meca del budismo, y allí Kusinagara, el triste lugar de la muerte del Maestro.
El viejo inclinó un momento la cabeza sobre el mapa, silenciosamente, y el director encendió otra
pipa. Kim se había dormido. Cuando despertó, la conversación, todavía torrencial, era
más comprensible para él." "Un balti de cabeza afeitada y encorvado que había venido del norte con los caballos y que era un budista degradado, acogió al lama con cortesía, y en su lenguaje gutural y duro invitó al santón a sentarse al lado del fuego con los mozos de cuadra. ¡Aléjate! -dijo Kim, empujándolo ligeramente; y el lama echó a andar, dejando al muchacho al lado de los soportales. -¡Vete! -dijo Mahbub Alí, volviendo a su narguile-. Márchate pequeño hindú. ¡Dios maldiga a los infieles! Pídeles a aquellos de mi escolta que sean de tu fe." |
El libro de Las Tierras Vírgenes
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"Debajo de la plataforma vivía en un agujero una serpiente cobra, y, como la tenían como sagrada, recibía cada noche un cuenco de leche. Se sentaban los viejos en torno del árbol y enhebraban la conversación a la que acompañaban de buenos chupetones a las grandes hukas o pipas; esto duraba hasta muy entrada la noche. Allí se narraban asombrosas historias sobre dioses, hombres y duendes. Sin embargo, las que refería Buldeo sobre las costumbres de las fieras en la selva excedían a todas las demás, hasta tal punto que al escucharlas, a los chiquillos que se sentaban fuera del círculo a escuchar, se les salían los ojos de las órbitas de puro asombro. |
Viaje a Japón
"El brasero está lleno de ceniza de carbón,
pero no hay ceniza en la estera. Al alcance de la mano del bunnia hay una bolsa de cuero verde atada con un cordoncillo
de seda rojo, que contiene tabaco cortado tan fino como fibras de algodón. El bunnia llena una larga pipa
lacada, roja y negra, la enciende con el carbón del brasero, toma dos bocanadas, y la pipa se vacía.
La estera sigue inmaculada. Detrás del bunnia hay un biombo de cuentas y bambú que vela una habitación
de suelo oro pálido, techada con paneles de cedro granoso. En la habitación no hay nada más
que una manta rojo sangre extendida tan lisa como una hoja de papel. Más allá de la habitación
hay un pasillo de madera pulida, tan pulida que devuelve los reflejos de la pared empapelada de blanco."
Antes de saber qué ocurría, la funda de la pipa
me había caído de la mano, que estaba paralizada y me hormigueaba terriblemente. Oí cuatro
"clics" persuasivos debajo de la mesa casi antes de darme cuenta de que mi arma era inútil. El
caballero de California, de una sacudida, se había sacado la pistola del bolsillo y había apretado
el gatillo cuatro veces, con la mano apoyada en la cadera, mientras yo levantaba el brazo derecho.

"Respetabilísimos amigos míos de todos los clubs
y todas las reuniones sociales, ¿alguna vez, después de una buena comida, se han recostado en cojines
y fuma do, con una linda muchacha llenándoles la pipa y otras cuatro admirándoles en una lengua desconocida?
No saben qué es vivir. Miré a mi alrededor la habitación intachable, los pinos enanos y las
cremosas flores de cerezo allá fuera, a O-Toyo burbujeando de risa porque yo sacaba humo por la nariz, y
el anillo formado por doncellas del Mikado con la piel de oso marrón como telón de fondo. Había
color, forma, alimento, comodidad y belleza suficientes para una contemplación de medio año. Ya no
quería ser birmano. Quería ser japonés (siempre con O-Toyo, claro) en un taller de ebanistería
en la ladera de una colina olorosa de alcanfor."
"El edificio era una delicada pieza de ebanistería, como todas las casas; el techo, el suelo, las vigas,
las columnas, las arcadas y las particiones eran de madera pura y, en la sala, una de cada dos personas fumaban
frágiles pipas y sacudían la ceniza cada dos minutos."
"-¿Eso cree? Déjeme hacerle una demostración. No tengo motivo para llevar armas, pero
creo que tengo un revólver en alguna parte. Un gramo de demostración vale por una tonelada de teoría.
La funda de su pipa está encima de la mesa. También mis manos están encima de la mesa. Utilice
la funda de su pipa como si fuese un revólver, tan rápidamente como pueda. La utilicé en el
estilo propio de las novelas baratas; apunté, con el brazo rígido, a la cabeza de mi amigo.
-¿Me cree ahora? -dijo-. Sólo un inglés o un oriental dispara a la altura del hombro de ese
modo melodramático. Ya le tenía frito antes de que moviera el brazo, simplemente porque me sé
el truco, y allí, en California, hay hombres que, en caso de apuro, me liquidarían tan fácilmente
como yo a usted."
Cuentos de la venganza y de la memoria
"Tota se acurrucó para dormir. Los dos bueyes de pelo
blanco y lustrosos masticaban impasibles, junto al pozo, Su pasto de la noche; el viejo Pir Khan estaba acuclillado
junto al caballo de Holden, y con su sable de policía sobre las rodillas, aspirando, somnoliento, una gran
pipa de agua que croaba como una rana mugidora en un estanque."
Pedro Romero

"Paseamos por el jardín fumando, sin decir palabra, porque
éramos amigos y la conversación estropea el gusto de un buen tabaco. Después, cuando se nos
apagaron las pipas, fuimos a despertar a Fleete. Lo encontramos completamente despierto y no paraba de moverse
por su cuarto."
Nunca como con estas lecturas he disfrutado de una pipa cargada con Latakia y orientales, quizás porque
esos olores me han ayudado, de la mano de Kipling, a adentrarme en las junglas de la India y visitar los paisajes
y las gentes que el escritor ha sabido retratar con tanta maestría y sencillez.
-Canarias-